domingo, febrero 07, 2010

Se acabó el gas

Algún día tenía que pasar.

Después de un par de meses a tope con el blog, en los que he llegado a tener 5 ó 6 artículos planificados con varios días de antelación a su publicación, mi bandeja de salida y mis ganas de escribir están de nuevo a cero.

Es indudable que se trata de un ciclo, en el que cosas como mi visita a Sudáfrica, o las prácticas del master, han influido sobremanera. La primera de una forma positiva, y la segunda como un handicap que está llevando mi resistencia física al máximo. No es fácil salir de currar a las 7 de la tarde y pasarte otras tres horas diarias en un aula, amén de los fines de semana realizando las prácticas.

La nota positiva es que he sacado unas cuantas conclusiones de estas últimas semanas de febril actividad en el blog:

1) Como un buen amigo me dijo una vez, el amarillismo vende mucho. A pesar de haber publicado en enero de 2010 un promedio de un artículo cada dos días, paradójicamente ha disminuido un 3% el número de visitas a la página. Es cierto que estoy siendo un poco injusto, porque mi artículo del 25 de enero de 2009, "Hazte fan de mí", fue el más visitado de la historia del blog. Ejem.

2) He aumentado el número de lectores nuevos en un pequeño porcentaje, aunque la mala noticia es que creo que ello se debe al siguiente punto.

3) Han debido de enlacer mi artículo "¿Soy ateo o soy agnóstico?" en algún portal, como en su día pasó con "La postura del helicóptero", que enlazaron desde "LaCoctelera". El porcentaje de visitas ha aumentado en un 606% respecto al mismo período del año pasado.

En fin, conclusiones interesantes aunque poco sorprendentes. En otro momento tal vez hubiese escrito un artículo emo y lacrimógeno para aumentar mis visitas. Hoy en día, me da igual. Los pocos lectores que hay, son de calidad. Y más importante aún, muchos de ellos son mis amigos.

Cuando tenga tiempo he de ir a poner un poco de gasolina al trasto éste. Mientras tanto, siempre podéis echar un vistazo a otras bitácoras interesantes:

Diario de un escéptico
El sentido de la vida

jueves, febrero 04, 2010

España en GMT+0

Es la segunda vez que me pasa en un mes: algo que yo había pensado en un momento de introspección e inspiración, aparece en un periódico de tirada masiva varios días después.

Ya me había pasado con la escandalosa subida del precio del bono de 10 viajes del Metro de Madrid. Había comentado este tema con algún amigo, y la opción de colarse dos veces de cada diez, para compensar la injusta subida. Días más tarde, salía en primera plana del 20 minutos la noticia de que había aumentado espectacularmente el número de personas que lo hacía, y que alguna asociación y grupos de Facebook estaban detrás de todo eso.

Ahora me ha vuelto a pasar lo mismo con el tema del huso horario. Después de volver de Sudáfrica, me he dado cuenta de que aunque solo tenemos un huso horario de diferencia, la realidad es que en Sudáfrica amanecía a las 5 de la mañana, mientras que en España lo está haciendo a las 9. Es cierto que en España es invierno mientras que en Sudáfrica es verano, pero aún así también es cierto que aquí ni siquiera durante el estío amanece antes de las 7 de la mañana.

A vueltas con eso, y con el hecho de racionalizar los horarios de trabajo (entrar antes a trabajar y salir también antes) planteé con algunos amigos la teoría de que si cambiásemos el huso horario a España y lo adaptásemos a lo que nos corresponde por geografía (Gran Bretaña y Portugal), sería más sencillo adoptar posteriormente un horario de trabajo también más adecuado. Lo cierto es que todos los años adelantamos el reloj una hora cuando llega el invierno y la atrasamos cuando llega el verano, pero ¿no sería más lógico reimplantar el horario que nos corresponde por geografía y naturaleza humana? Somos cazadores y nuestro cuerpo está filogenéticamente acostumbrado a despertarse con la llegada del amanecer.

Dándome la razón, otra vez 20 minutos publicó el 29 de enero de 2010 una breve entrada en el mismo sentido:


Por favor, ayudadme a difundir este meme, a ver si en España conseguimos racionalizar los horarios de trabajo, lo cual sería el primer paso para dejar de ser un país de pandereta entre nuestros vecinos europeos.

martes, febrero 02, 2010

Si te encuentras con Buddha, mátalo

"Mata a Buddha si Buddha existe en alguna otra parte. Mátalo porque deberías asumir tu propia naturaleza de Buddha".

Shunryu Suzuki

domingo, enero 31, 2010

The Horribly Slow Murderer with the Extremely Inefficient Weapon

Sencillamente una Puta Obra Maestra.

viernes, enero 29, 2010

...y del Twitter, ya ni te hablo

Publicidad viral para la versión Internet del nuevo anuncio de Fabada Litoral.

miércoles, enero 27, 2010

Algo se está moviendo

No soy el único que piensa que algo huele a podrido en Dinamarca. Éste, éste y éste también lo piensan.

Y hay más.

Cada vez más.

Supongo que en cada momento y en cada época sucede lo mismo, ha sucedido lo mismo durante cientos, miles de años. Siempre ha habido, hay y habrá tres tipos de personas: los que se mueven por poder, los que se mueven por orden, y los que se mueven por libertad.

El gran invento del siglo XX fue hacernos creer que todos tiramos hacia la misma dirección. Lo han repetido tanto que nos lo hemos creído.

No te engañes.

Los que se mueven por poder siguen estando ahí, aunque no los ves, acomodado en tu sofa y tu coche a plazos. La tele te ha dejado ciego y el móvil sordo. Tu comida baja en grasas te ha arrebatado el sentido del gusto, y las burbujas de miedo en las que vivimos nos han arrebatado el del tacto. Solo nos queda el olfato, y a través de él percibimos una peste extraña, nauseabunda, que no encaja con lo que ven nuestros ojos, oyen nuestros oídos, saborea nuestro paladar y sienten nuestras manos.

Es el olor a podredumbre.

Los que se mueven por orden... somos todos los demás. Hemos sucumbido a la comodidad. La "sociedad del bienestar" nos ha sobornado con incienso y mierda, y le rendimos pleitesía. Nos arrodillamos ante el Rey de Reyes, aunque no tengamos una idea clara de quién es. Que todo se quede como está. Yo no soy el que pasa frío en un cajero. Tengo trabajo, me engaño a mí mismo pensando que la casa en la que duermo no es del Banco y esta noche voy a cenar en algún sitio exótico y caro. Miro hacia otro lado y la vida sigue siendo en alta definición.

Y luego están los que se mueven por la libertad.

Puedes ser tú. Pero solo si te levantas. Si te arrancas el cable que te ata a la batería. Si te pones en pie. Si, aún con paso vacilante, eres capaz de abrir la boca y gritar a la pared.

Si todos gritamos al unísono, el muro que han construido a nuestro alrededor se derrumbará y podremos volver a ver, por fin, las verdes praderas de la libertad.

domingo, enero 24, 2010

Avatar 3D

Después de hacerme mucho de rogar, este lunes por fin he visto Avatar, de James Cameron.

James Cameron es de esos directores que, no se puede negar, han conseguido crear hitos cinematográficos que serán difíciles de olvidar, aunque la calidad de los mismos sea, en determinados casos, cuestionable.

El canadiense empezó su carrera como director con dos títulos que no he visto: "Xenogénesis" (un corto de 12 minutos) y "Piraña, segunda parte". Parece obligado para ciertos auteurs que su ópera prima tenga un título raro. Y de la continuación de "Piraña" no digo nada por si acaso resulta que es una obra maestra... :)

Cartel kitch


En 1984, en plenos ochenta, nuestro amigo Cameron dio la nota con una película llena de cardados, música ochentera, una historia futurista y mucha mala baba que hoy sería políticamente incorrecta (como hacer que un cyborg se introdujese en una comisaria y no dejase vivo ni al apuntador). Una película rodada con cuatro duros pero con unos efectos especiales basados en el stop-motion (ridículos hoy en día) que en su día catapultaron a una película, a un director y a un actor a la cumbre de la fama (aunque Schwarzennegger ya la había petado con la saga de Conan, dos años antes).

Esa chupa cuero, esas Ray-Ban,
y ese fondo negro con neones rojos


Dos años después, Cameron lo volvería a lograr con "Aliens: el regreso". Incapaz de mantener el tono apocalíptico de la cinta de Scott, Cameron decide hacer lo que mejor se le da, y esta segunda parte de la saga "Aliens" es una orgía de muerte y destrucción, tiros y explosiones, muertes y persecuciones. En lo cual hay que reconocer que Cameron es bueno; muy bueno. En esta ocasión cuenta con la presencia de Sigourney Weaver, que volverá a reencontrarse con Cameron 23 años después en "Avatar".

Otro mítico cartel ochentero


Volvería al tema de los alienígenas tres años después, pero esta vez tendríamos que sumergirnos en el fondo del mar para disfrutar de su inolvidable "Abyss". Un dramón lacrimógeno, submarino y fantástico que anticiparía algunas de las ideas anti-militaristas que podemos ver en "Avatar". Un Ed Harris soberbio, como siempre, mantiene el hilo dramático de la (larga) historia.

Probando la tecnología que perfeccionaría en Terminator 2


En 1991 vuelve a la carga con la franquicia "Terminator", y la que se dejaría de ser su mujer tras la película, Linda Hamilton, como madre de John Connor y aliada de Schwarzennegger en su tarea de salvar el mundo. Obsesionado con lo cutre de los efectos especiales de la primera parte, Cameron se tira un órdago en esta segunda parte, en la que maravillados acudimos a los cines para ver cómo aquel tipo de acero líquido y mirada gélida se metamorfoseaba a placer. En esta entrega el director se centra en los efectos digitales y la historia pasa a un segundo plano. Lo políticamente incorrecto de la primera parte se convierte en chistes de quinceañeros en esta segunda, y queda claro la clave de éxito que Cameron ha encontrado: hostias, acción, dramón, acción, mega hostia final con un punto dramático. Y sobre todo, mucho marketing.

T2, puro virtuosismo técnico de la época


Tres años después Cameron vuelve a llamar a Schwarzennegger para hacer una de las mejores comedias de acción que recuerdo, en la que Arnie consigue reírse de sí mismo, aunque Cameron sigue maquinando entre las sombras sus diabólicos planes.

Estampa de la época en la que Arnie
empezó a tomarse a chiste a sí mismo


Y será en 1997 (yo aún iba al instituto, qué recuerdos) cuando Cameron la pete definitivamente con una historia pastelosa, previsible, cansina, alargada e hiperbólica en todos sus extremos. Una historia de amor imposible para un barco imposible pero un proyecto tremendamente lucrativo. Cameron explota al máximo el filón que ha encontrado en ese esquema básico para rodar películas y hacerlas rentables. Lo exprime tanto que los cines no dan a basto, sus actores son incapaces de sobrellevar el éxito, y la carrera de Cameron... muere de éxito.

El principio del fin


Como los apóstoles, doce son los años que tarda nuestro amigo en volver a estrenar una cinta. Me imagino que, al menos, la mitad del tiempo la invirtió en terapia para recuperarse del éxito de Titanic. Aunque la maquinaria de marketing de este hombre vuelve a funcionar de nuevo, y vemos que está en plena forma: efectivamente, nos dicen que doce son los años que Cameron ha terminado en perfeccionar una tecnología digital que revolucionará el mundo de las películas tal y como lo conocemos.

Como, nos dijeron en su momento, Terminator lo revolucionó en su momento. Y Terminator 2. Y Titanic...

Y como si fuese Cameron en persona el que ha construido el motor gráfico que se utiliza para renderizar su película. Por cierto... sobre una granja de Ubuntus.

* * *



Una vez repasada la trayectoria de James Cameron y mi opinión sobre sus películas, vamos a entrar al detalle de Avatar, visionada en 3D y con el dudoso aliciente de que las butacas vibraban de forma sincronizada con la película. Esto último, una chorrada.

Pero lo que sí me maravilló fue el 3D, técnica de la que había oído hablar muchas veces pero que jamás había experimentado.

Y me moló. Durante los primeros minutos fui otra vez un crío, maravillado por los prodigios técnicos, y pude entender una parte de lo que pudieron sentir los primeros espectadores de una película, allá por 1895.

Por un momento temí que el 3D fuese demasiado para mí y me pudiese marear, pero tal cosa no sucedió. Quizá lo más chocante sea intentar enfocar un fondo o un primer plano cuando éstos están desenfocados. Pero el 3D es tan realista que aún así persistía en mi intento. Curioso.


El 3D explota de forma maravillosa Pandora, el mundo ficticio en el que se desarrolla la película, y quizá sea ésa la gran baza de la película. Un 3D en cualquier otra película no deja de ser una anécdota, pero el desbordante despliegue de imaginación y de dirección artística hace que la estereoscopía nos sumerja de lleno en un mundo completamente nuevo, de criaturas de ensueño y dimensiones titánicas. Una orgía de imaginación, como digo, que bebe directamente de películas como "Näusicaa del Valle del Viento" de Miyazaki-sensei.

Efectivamente, el otro punto de "Avatar" son sus múltiples referencias. Además de la mencionada "Näusicaa del Valle del Viento", de cuya imaginería y espíritu anti-militarista es deudor, la cinta de Cameron se inspira también en otros clásicos como "Laputa" (las islas flotantes que aparecían también en la película de Miyazaki), "Dune" (las similitudes de la historia son sonrojantes), "Pocahontas" e incluso "The Matrix" (aunque con ésta última, solo en detalles insignificantse pero evocadores; por desgracia nada de la filosofía de "The Matrix" se le ha pegado a "Avatar").


Por cierto, los servo-robots me recuerdan mucho a los de "Aliens: el regreso", a los de "The Matrix: Revolutions" o, incluso (y en un contexto más argumental), a "Fiasco" de Stanislaw Lem.

Por tanto, para concluir, eso es "Avatar": un popurri de referentes fantásticos y una tecnología puntera que tiene la virtud de trasladarnos a un universo inexistente, que consigue que flotemos en Gravedad 0 (increíbles los primeros planos de la película en el interior de la nave orbital) o volemos a través de las rocas flotantes de Pandora a lomos de dragones.


La historia en sí es previsible, infantil, contada una y mil veces en el cine, en la que Cameron no aporta ningún punto de vista nuevo y se limita a agitar su coctelera de referencias y elementos visuales. Pero aún así es un espectáculo apreciable para ser visto en 3D y para entrever lo que, sin duda, será el futuro del cine tal y como lo conocemos.

Y esta vez creo que va en serio.